EL CEPILLO DENTAL
Profesor: Ing. Ricardo López
Carlis Aranguren
CI.: 13.821.771
Juan Clavijo
CI.: 13.549.539
Integrantes:
San Cristóbal, Mayo de 2009
EL CEPILLO DENTAL, HISTORIA Y EVOLUCIÓN
No es un secreto que lo más simple siempre será lo más importante, ya que precisamente por su simpleza un objeto es muy útil, y por lo general difícil de remplazar por algún otro. Entre cientos de utensilios simples que empleamos a diario encontramos uno al que por lo general no le damos la importancia que merece: el cepillo de dientes.
Los primeros cepillos se llamaban “palos o varas para masticar” y eran construidos con pequeñas ramitas de árbol que se machacaban para ablandarlas. Uno de sus extremos se moldeaba para que quedara en forma de filamentos lo suficientemente suaves como para ser soportados por las encías. Eran herramientas ásperas cuyo efecto era muy similar al de los palillos de dientes. Algunas tribus de nativos de Australia y África aún usan estos rudimentarios cepillos para mantener limpia su dentadura. Las civilizaciones de la antigüedad también tuvieron sus formas particulares de cuidar sus dientes. Plino el Joven (61-113 d. C.) afirmaba que utilizar el cañón de una pluma de buitre para limpiar los dientes podía producir halitosis, o mal aliento, y sin embargo le gustaba emplear una púa de puercoespín porque, según él, “mantenía los dientes firmes”.
El primer cepillo dental provisto de cerdas, similar al actual, tuvo su origen en China hacia el año 1498. Las cerdas, extraídas manualmente, del cuello de cerdos que vivían en los climas más fríos de Siberia y China (el frío hace que las cerdas de estos animales crezcan con mayor consistencia), eran cosidas a unos mangos de bambú o de hueso. Los mercaderes que visitaban Oriente introdujeron el cepillo dental chino entre los europeos, quienes consideraron que estas cerdas tenían una dureza excesivamente irritante.
En aquellos tiempos, los europeos que se cepillaban los dientes (práctica nada corriente) preferían unos cepillos más blandos, confeccionados con pelo de caballo. El padre de la odontología moderna, el doctor Pierre Fauchard, ofrece la primera explicación detallada del cepillo dental en Europa en 1723. Se muestra critico acerca de la escasa efectividad de los cepillos de pelo de caballo (eran demasiado blandos), y todavía más crítico con respecto al gran sector de la población que nunca, o rara vez, realizaba alguna práctica de higiene dental. Fauchard recomienda frotarse vigorosamente cada día los dientes y las encías con un trozo de esponja natural.
Los cepillos dentales fabricados con otros pelos animales, por ejemplo el de tejón, experimentaron efímeros períodos de popularidad, pero muchas personas preferían limpiarse después de las comidas con una pluma rígida de ave (como habían hecho los romanos) o bien utilizar mondadientes especialmente fabricados en bronce o plata.
En muchos casos, los mondadientes metálicos eran menos peligrosos para la salud que los cepillos de pelo animal duro, y cuando el bacteriólogo francés Louís Pasteur expuso en el siglo XIX su teoría sobre los gérmenes, los dentistas comprobaron que todos los cepillos de pelo animal (que conservan la humedad) acaban por acumular bacterias y hongos microscópicos, y que la perforación de una encía por las agudas puntas de las cerdas puede ser causa de numerosas infecciones en la boca. Esterilizar cepillos de pelo animal con agua hirviendo presentaba el inconveniente de ablandarlos excesivamente para siempre, e incluso destruirlos por completo, y los cepillos de calidad fabricados con pelo animal eran demasiado caros para permitir su frecuente sustitución. La solución para este problema no se presentó hasta la tercera década de nuestro siglo.
El descubrimiento del nailon en la década de 1930 por los químicos de la Du Pont, inició una revolución en la industria de los cepillos dentales. El nailon era duro y rígido a la vez que flexible, resistía la deformación y era también inatacable por la humedad, puesto que se secaba por completo y con ello atajaba el desarrollo bacterial.
El primer cepillo de cerdas de nailon fue vendido en Estados Unidos en el año 1938, bajo el nombre de Dr. West's Miracle Tuft Toothbrush. Du Pont dio a las fibras artificiales el nombre de Exton Bristies, y, a través de una amplia campaña publicitaria, la compañía informó a su público de que “El material utilizado en la fabricación del Exton se llama nylon, una palabra acuñada tan recientemente que nadie la encontrará en el diccionario”. Y la empresa destacaba las numerosas ventajas del nailon sobre las cerdas, recalcando también que, en tanto que las cerdas de pelo animal a menudo se desprendían del mango para alojarse desagradablemente entre la dentadura, las de nailon quedaban sujetas con firmeza al mango del cepillo.
Sin embargo, estas primeras cerdas de nailon eran tan rígidas que actuaban con suma dureza sobre las encías. De hecho, el tejido de éstas se resentía tanto, que al principio los dentistas se negaron a recomendar los cepillos de nailon. A principios de la década de 1950, la Du Pont había perfeccionado ya un nailon “blando” que fue presentado al público con el nombre de cepillo dental Park Avenue. Se pagaban entonces diez centavos por un cepillo de cerdas duras, y cuarenta y nueve por el modelo Park Avenue, más perfeccionado y, sobre todo, más blando.
No sólo los cepillos de nailon mejoraron la higiene dental, sino que contribuyeron, y no poco, a ahorrar serias molestias al ganado porcino. En 1937, por ejemplo, el año de la aparición de los cepillos de nailon, sólo en Estados Unidos se importaban 600.000 kilos de cerdas porcinas para cepillos dentales.
El siguiente avance tecnológico tuvo lugar en 1961, cuando la Squibb Company presentó el primer cepillo dental eléctrico, con el nombre de Broxodent. Tenia la acción limpiadora de arriba abajo, y fue recomendada por la American Dental Associarion.
Un año más tarde, la General Electric creó un cepillo dental eléctrico sin toma de corriente, accionado por pila y recargable. Los técnicos de esta compañía habían probado los cepillos en docenas de perros y aseguraron a los accionistas que “los perros disfrutaban de veras cuando se les cepillaban los dientes”.
No es un secreto que lo más simple siempre será lo más importante, ya que precisamente por su simpleza un objeto es muy útil, y por lo general difícil de remplazar por algún otro. Entre cientos de utensilios simples que empleamos a diario encontramos uno al que por lo general no le damos la importancia que merece: el cepillo de dientes.
Los primeros cepillos se llamaban “palos o varas para masticar” y eran construidos con pequeñas ramitas de árbol que se machacaban para ablandarlas. Uno de sus extremos se moldeaba para que quedara en forma de filamentos lo suficientemente suaves como para ser soportados por las encías. Eran herramientas ásperas cuyo efecto era muy similar al de los palillos de dientes. Algunas tribus de nativos de Australia y África aún usan estos rudimentarios cepillos para mantener limpia su dentadura. Las civilizaciones de la antigüedad también tuvieron sus formas particulares de cuidar sus dientes. Plino el Joven (61-113 d. C.) afirmaba que utilizar el cañón de una pluma de buitre para limpiar los dientes podía producir halitosis, o mal aliento, y sin embargo le gustaba emplear una púa de puercoespín porque, según él, “mantenía los dientes firmes”.
El primer cepillo dental provisto de cerdas, similar al actual, tuvo su origen en China hacia el año 1498. Las cerdas, extraídas manualmente, del cuello de cerdos que vivían en los climas más fríos de Siberia y China (el frío hace que las cerdas de estos animales crezcan con mayor consistencia), eran cosidas a unos mangos de bambú o de hueso. Los mercaderes que visitaban Oriente introdujeron el cepillo dental chino entre los europeos, quienes consideraron que estas cerdas tenían una dureza excesivamente irritante.
En aquellos tiempos, los europeos que se cepillaban los dientes (práctica nada corriente) preferían unos cepillos más blandos, confeccionados con pelo de caballo. El padre de la odontología moderna, el doctor Pierre Fauchard, ofrece la primera explicación detallada del cepillo dental en Europa en 1723. Se muestra critico acerca de la escasa efectividad de los cepillos de pelo de caballo (eran demasiado blandos), y todavía más crítico con respecto al gran sector de la población que nunca, o rara vez, realizaba alguna práctica de higiene dental. Fauchard recomienda frotarse vigorosamente cada día los dientes y las encías con un trozo de esponja natural.
Los cepillos dentales fabricados con otros pelos animales, por ejemplo el de tejón, experimentaron efímeros períodos de popularidad, pero muchas personas preferían limpiarse después de las comidas con una pluma rígida de ave (como habían hecho los romanos) o bien utilizar mondadientes especialmente fabricados en bronce o plata.
En muchos casos, los mondadientes metálicos eran menos peligrosos para la salud que los cepillos de pelo animal duro, y cuando el bacteriólogo francés Louís Pasteur expuso en el siglo XIX su teoría sobre los gérmenes, los dentistas comprobaron que todos los cepillos de pelo animal (que conservan la humedad) acaban por acumular bacterias y hongos microscópicos, y que la perforación de una encía por las agudas puntas de las cerdas puede ser causa de numerosas infecciones en la boca. Esterilizar cepillos de pelo animal con agua hirviendo presentaba el inconveniente de ablandarlos excesivamente para siempre, e incluso destruirlos por completo, y los cepillos de calidad fabricados con pelo animal eran demasiado caros para permitir su frecuente sustitución. La solución para este problema no se presentó hasta la tercera década de nuestro siglo.
El descubrimiento del nailon en la década de 1930 por los químicos de la Du Pont, inició una revolución en la industria de los cepillos dentales. El nailon era duro y rígido a la vez que flexible, resistía la deformación y era también inatacable por la humedad, puesto que se secaba por completo y con ello atajaba el desarrollo bacterial.
El primer cepillo de cerdas de nailon fue vendido en Estados Unidos en el año 1938, bajo el nombre de Dr. West's Miracle Tuft Toothbrush. Du Pont dio a las fibras artificiales el nombre de Exton Bristies, y, a través de una amplia campaña publicitaria, la compañía informó a su público de que “El material utilizado en la fabricación del Exton se llama nylon, una palabra acuñada tan recientemente que nadie la encontrará en el diccionario”. Y la empresa destacaba las numerosas ventajas del nailon sobre las cerdas, recalcando también que, en tanto que las cerdas de pelo animal a menudo se desprendían del mango para alojarse desagradablemente entre la dentadura, las de nailon quedaban sujetas con firmeza al mango del cepillo.
Sin embargo, estas primeras cerdas de nailon eran tan rígidas que actuaban con suma dureza sobre las encías. De hecho, el tejido de éstas se resentía tanto, que al principio los dentistas se negaron a recomendar los cepillos de nailon. A principios de la década de 1950, la Du Pont había perfeccionado ya un nailon “blando” que fue presentado al público con el nombre de cepillo dental Park Avenue. Se pagaban entonces diez centavos por un cepillo de cerdas duras, y cuarenta y nueve por el modelo Park Avenue, más perfeccionado y, sobre todo, más blando.
No sólo los cepillos de nailon mejoraron la higiene dental, sino que contribuyeron, y no poco, a ahorrar serias molestias al ganado porcino. En 1937, por ejemplo, el año de la aparición de los cepillos de nailon, sólo en Estados Unidos se importaban 600.000 kilos de cerdas porcinas para cepillos dentales.
El siguiente avance tecnológico tuvo lugar en 1961, cuando la Squibb Company presentó el primer cepillo dental eléctrico, con el nombre de Broxodent. Tenia la acción limpiadora de arriba abajo, y fue recomendada por la American Dental Associarion.
Un año más tarde, la General Electric creó un cepillo dental eléctrico sin toma de corriente, accionado por pila y recargable. Los técnicos de esta compañía habían probado los cepillos en docenas de perros y aseguraron a los accionistas que “los perros disfrutaban de veras cuando se les cepillaban los dientes”.
Hoy en día la recomendación es utilizar cepillos de cerdas sintéticas y con un grado de dureza medio o blando.
Actualmente hay una gran diversidad de cepillos de dientes, y se puede utilizar el que más se adapte a nuestras necesidades:
El Cepillo convencional con 3 o 4 tiras de cerdas, es el que usamos normalmente.
El Cepillo periodontal, también llamado sulcular o crevicular, tiene dos tiras de cerdas. Se utiliza en casos de inflamación gingival y surcos periodontales profundos. También es recomendable en niños con ortodoncia fija.
El Cepillo eléctrico, tiene 3 tipos de movimiento horizontal, alternado, vertical arqueado o vibratorio. Pueden ser especialmente útiles en personas disminuidas físicas o mentales, debido a la simplicidad de la operación por el paciente o por quien le ayude.
El Cepillo ortodóncico, necesario durante el tratamiento de ortodoncia con aparatos fijos. Tiene dos filas de cerdas a los extremos más largas y dos filas centrales más cortas para compensar el espacio de los brackets.
Los Cepillos interproximales, son un penacho de cerdas en forma de pino para los espacios interdentales. Indispensables también durante los tratamientos con ortodoncia fija.
El Cepillo de bolsillo o para viaje, cómodo y fácil de transportar ya que ocupa poco espacio. Consta de una cubierta protectora que al ensamblarse se convierte en un mango.
El tiempo de vida promedio de un cepillo dental es de tres meses. Sin embargo esto es muy variable, de manera que deberemos cambiar el cepillo cuando veamos que las cerdas empiezan a doblarse hacia los lados, ya que esto podría dañar las encías, además de que cuando ocurre esto el cepillo pierde su función de limpieza.
